domingo, 7 de noviembre de 2010

María de Guadalupe, protectora de la insurgencia mexicana

María de Guadalupe, protectora de la insurgencia mexicana


Ángel Rafael Martínez Alarcón



La Virgen María estuvo presente desde el primer momento para la empresa del descubrimiento del Nuevo Mundo, a finales del siglo XV, en la reunión de los Reyes Católicos con Cristóbal Colón en el convento de Santa María de la Rábida. En nuestra nación, desde hace 491 años, la madre de Jesucristo llegó



acompañando al conquistador extremeño Hernán Cortes, devoto de la advocación de María de Guadalupe. Ya para 1531, santa María hizo sus apariciones en el cerro del Tepeyac dialogando con san Juan Diego, iniciando así la eterna protección guadalupana en la nación novohispana, posteriormente, mexicana.

La advocación de santa María de Guadalupe ha tenido presencia muy importante en eventos bélicos como en la provincia de Cáceres, España, donde, por espacios de 600 años, fue enterrada ante la invasión de los árabes, así como en la Batalla de Lepanto, en 1571. El cura Miguel Hidalgo y Costilla, quien hace exactamente 200 años inició la guerra de Independencia, tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe como bandera en la lucha por la libertad de los criollos, indígenas, negros y todas las demás castas que integraban la sociedad novohispana, donde los indígenas adoptaron a María de Guadalupe no sólo como su protectora sino como su madre.



El cura Hidalgo, como alumno formado por los jesuitas, tuvo que conocer la importancia que tenía el culto a la Virgen de Guadalupe en la sociedad decimonónica en la Nueva España, a pesar del debate sobre las apariciones iniciado por fray Servando Teresa de Mier.



El padre Hidalgo tenía muy claro el objetivo de la lucha contra el mal gobierno, pero no del español sino del invasor francés. Así, el domingo 16 de septiembre de 1810, inició la lucha contra los peninsulares que ya eran gobernados por un monarca Borbón.



En las primeras horas de la rebelión, el cura insurgente marchaba hacia la capital del virreinato, sin ninguna bandera que identificara al recién formado ejército insurgente integrado por unos 600 hombres. En el santuario de Atotonilco, toma el estandarte de la Virgen de Guadalupe. Más bien, el sacerdote Remigio González y su hermana Juliana dieron el estandarte a su amigo. El virrey de la Nueva España, Francisco Javier Venegas, reprobó la actitud de los insurgentes y, entre sus acusaciones, afirmó que los insurgentes habían llegado hasta el sacrilegio al valerse de la sacrosanta imagen de nuestra Señora de Guadalupe, patrona, protectora de este reino, para deslumbrar a los incautos con esta apariencia de religión. En el imaginario colectivo, la guerra de independencia fue una guerra entre las dos advocaciones marianas: la Virgen de los Remedios, del lado de los realistas, y la Guadalupana, que acompañaba a los insurgentes.



Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia, explicó que aquel que se conoce como estandarte de la Independencia es un óleo de la Virgen de Guadalupe, firmado en el ángulo inferior izquierdo así «Andrés López, fecit Mexxici a. 1805». El colmo de las celebraciones del bicentenario es el siguiente: el historiador Jacinto Barrera Bassols del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), asegura que el famoso estandarte de Hidalgo «no existió, fue un invento de Manuel Abad y Queipo, arzobispo de Michoacán, con el fin de acusar al cura de Dolores de fautoría (utilizar los símbolos religiosos con objetivos deleznables), que era uno de los delitos eclesiásticos más castigados» (Proceso, 16 de julio de 2010).



Finalmente, el cura José María Morelos y Pavón promueve el culto a santa María de Guadalupe. En los Sentimientos de la Nación (1813), decreta: «Que en la misma se establezca, por ley constitucional, la celebración del día doce de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual». Hasta la misma Constitución de 1857, la liberal, respetó dicho postulado.

http://www.arquidiocesisdexalapa.com/component/content/article/1237

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